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12/02/2006
Los orígenes (Nota nº 1)
Los orígenes
(Nota nº 1)
Por Héctor José Iaconis
(Desde Salta)
El 12 de octubre de 1860, prestó juramento presidencial el general
Bartolomé Mitre cuyo prestigio, tanto político como militar, venía tomando
cuerpo desde su victoria ante el general Justo José de Urquiza en la
Batalla de Pavón. Con Mitre se iniciaba en el país una organización
constitucional, cuyo modelo se mantendrá el país lo suficiente como para
marcar su influencia de modo gravitante.
Entre los proyectos de gobierno, trazado por Mitre, se encontraba la
reorganización de la frontera con el aborigen, su extensión sobre los
dominios del nativo. El llamado problema del indio no era novedoso
entonces, pues ya desde la época de Rosas, y aún antes, se venían realizando
expediciones, y fundando fortificaciones con el objeto de resguardar las
líneas fronterizas.
La comandancia de la Frontera del Oeste, en aquellos años se hallaba
asentada en Bragado. Al frente de ella se hallaba el coronel graduado
Julio de Vedia, quien pronto -gracias a sus avances sobre los Ranqueles-
obtuvo la efectividad de su grado. De Vedia, ya desde principios de
1863, proyectaba avanzar fuera de la frontera, para fundar un fuerte en el
para denominado Claf Lauquen, que en la toponimia indígena significa
"Tres Lagunas".
Más aún, era su deseo establecer una población no de modo provisorio,
sino permanentemente. Existen numerosas evidencias, halladas en el
último cuarto del siglo XX, que dan cuenta de ello. Por citar, pueden
consultarse las mensuras correspondientes a las tierras del Partido de 9 de
Julio, anteriores a la fundación, y podrán observarse la demarcación de
un futuro pueblo. También algunos partes militares, elevados por el
coronel a su superior, el ministro de Guerra Juan Gelly y Obes, testimonia
similar propósito.
LA FUNDACIÓN. UNA COMANDANCIA MILITAR
El martes 27 de octubre de 1863, el coronel Julio de Vedia [Foto A, en
disco] , después de haber partido desde el Bragado al frente del 3er.
escuadrón del Regimiento 5to. de Caballería de Línea, el 4to. Batallón
de Infantería, un cuerpo de Guardias Nacionales y un grupo de indios
vorogas, asentó un campamento en derredor de una de las llamadas tres
lagunas, precisamente en las inmediaciones donde se encuentra hoy el
Parque General San Martín, y los edificios del Hospital Zonal, y del Colegio
Marianista "San Agustín".
Entre los civiles que arribaron con las tropas, se encontraba Emilio
Carballeda, quien vino a convertirse en el primer comerciante en
instalarse en el campamento. Éste fue el primero en escribir acerca de los
orígenes de esta ciudad y recordar este acontecimiento del que fue
testigo. En una especie de memoria que redactó hacia 1903, narra la fundación
de 9 de Julio con las siguiente palabras: "Eranse a fines de octubre de
1863, que fuerzas del Ejercito de la Nación; Guardias Nacionales e
Indios de las tribus amigas al servicio de la Nación, sentaron un
campamento en Cla-Lauquen (Tres Lagunas), desierto entonces, y actualmente
floreciente pueblo de Nueve de Julio".
"Componíanse -prosigue Carballeda- las fuerzas regulares, del Batallón
9º de Infantería, comandado por el teniente coronel don Benjamín
Calvete, y su segundo, don Felipe Batista [sic]; de una compañía del Batallón
4º, de la misma arma; del Regimiento 5º de Caballería, acantonado en el
25 de Mayo, siendo su jefe el teniente coronel don Pedro C. Díaz; del
de Blandengues, acantonado en el Bragado, al mando del sargento mayor
don Mariano Benítez, del que era su jefe superior, el coronel don Julio
de Vedia, Comandante de la Frontera Oeste de la Provincia; de ciento
cincuenta guardias nacionales de varios partidos; y de contingentes de
indios amigos, pertenecientes a las tribus de Railef, del Bragado, y de
Martín Rondendo [sic], de 25 de Mayo; formando un total de más de mil
hombres, vivos y efectivos".
(continuará)
Los orígenes: La ubicación del campamento (Nota nº 2)
Los orígenes: La ubicación del campamento
(Nota Nº 2)
Por Héctor José Iaconis
(Desde Salta)
Emilio Carballeda, el comerciante que acompañaba al coronel Vedia al momento de concretarse la fundación de la Comandancia Militar “9 de Julio”, asentamiento que daría inmediato origen al pueblo, fija con precisión la primera ubicación de las tropas: “El coronel don Julio de Vedia, estableció su campamento circundando la laguna principal, punto estratégico, seguramente, que estorbaba a los Indios [...], que a continuo invadían los partidos de 25 de Mayo y Bragado”.
Según Carballeda, del mismo modo, esa ubicación había de “servirle de apostadero para, después de sus largas jornadas, dar descanso a la caballada por algunos días, en un campo abundante de buenos pastos, como ser gramilla fina, trébol de olor, cebadilla y agua dulce”.
Vedia había movilizado consigo consigo 2 jefes y 11 oficiales de la comandancia; 2 jefes, 15 oficiales, 260 soldados de tropa y 87 familias, del Regimiento 5º de Caballería; 2 jefes, 15 oficiales, 213 soldados y 38 familias, del Batallón 9º de Infantería; 2 oficiales y 87 soldados de una compañía de Guardias Nacionales; 5 oficiales y 100 soldados, de las 1ª y 2ª compañías del Regimiento 7º; 3 oficiales y 108 soldados, del Regimiento 18º; 13 oficiales, 104 soldados y 65 familias, de las tribus de Melinao y Rondeao; y 1 coronel graduado y 14 oficiales, de la tribu de Coliqueo. Parte de esas fuerzas provenía desde Bragado y otras se hallaron acantonada en 25 de Mayo y en los fortines “El Mangrullo”, “Baldebenito” e “Hinojo”.
En los días inmediatos, el coronel Vedia ordenó la materialización de los primeros trabajos, a fin de que, de ser necesario realizar cualquier movimiento. En efecto, al cuarto día ya se había construido “un potrero para la hacienda, y el cuadro”, de acuerdo con lo que comunicó a su hermano político, el general Bartolomé Mitre, a la sazón presidente de la República Argentina.
Vedia comunicó de inmediato el general Juan Andrés Gelly y Obes, ministro de Guerra, la nueva situación del campamento, explicando que había dispuesto para él la denominación de “Nueve de Julio”. Precisamente, en el archivo del Servicio Histórico del Ejército existe un importante documento: se trata de la carta que Vedia envió a Gelly y Obes el 29 de octubre de ese año, donde informa que hace “dos días” que ocupa el paraje “Tres Lagunas”, que ha comenzado los trabajos para la construcción del nuevo campamento y en la cual solicita se le imponga el nombre de “Nueve de Julio”. Este documento es el que permitió fijar al día 27 de octubre como correcta fecha de fundación, pues en alguna ocasión se había considerado al 29 de octubre como tal.
El 3 de noviembre, Gelly y Obes se dirigía al gobernador de la Provincia, Mariano Saavedra, para informar, entre más, que habiendo sido ocupado “el punto denominado Tres Lagunas”, “un gran número de vecinos solicitan formar un pueblo”. Al día siguiente, el gobernador contestaba al ministro, “persuadido de la conveniencia de fundar el mencionado pueblo en el paraje indicado”, tomaría “las medidas necesarias para la más pronta realización de su pensamiento” ( véase “El Nacional”, año XII, nº 3404, Buenos Aires, 5 de noviembre de 1863, p. 2).
(continuará)
Julio de Vedia, el fundador (Nota nº 3)
Julio de Vedia, el fundador
(Nota Nº 3)
Por Héctor José Iaconis
(Desde Salta)
El coronel Julio de Vedia, más tarde general de división, había nadico en Buenos Aires, el 20 de enero de 1826, hijo del coronel mayor Pedro Nicolás de Vedia y de Manuela Pérez, descendientes de noble linaje.
Emigrados a Montevideo, era aún adolescente cuando inició su carrera de armas. Lo hizo, encontrando su "bautismo de fuego" en la batalla de Arroyo Grande, en diciembre de 1842.
Desde entonces, en el cuerpo de artillería, participó en los hechos de arma más destacados, librados en tierra oriental...
Se destacaba, ya en su juventud, por las condiciones de su espíritu culto y selecto. Acostumbraba llevar al campo de batalla, en su equipaje, gruesos volúmenes, de obras clásicas, muchas de ellas escritas en sus lenguas originales, que le permitían ampliar su saber. Era un lector asiduo de la literatura volteriana; y, según cita Yaben, ese filósofo de la Ilustración, habría sido su “compañero” en incontables momentos de su existencia.
Después de la batalla de Monte Caseros, continuó al servicio del Gobierno de Uruguay, hasta cerca de 1855, en que retornó a Buenos Aires, siendo nombrado segundo jefe de la Brigada de Artillería. Mas tarde, ya graduado coronel, recibió el nombramiento como jefe del Regimiento nº 1, de Blandengues, donde continuó su servicio en la frontera.
Desde aquí, no será necesario aportar más datos, pues cuanto sigue, tanto sobre la estadía del coronel de Vedia, en Bragado y 9 de Julio, ha sido difundido con bastamente profusión, por lo publicado en tantos estudios
El alejamiento de "su Nueve de Julio", lo motivó el estallido de la Guerra de la Triple Alianza. Sin dudas, a estimar por su rica correspondencia, aguardaba retornar al pueblo, en cuanto culminase la contienda bélica. En junio de 1865, marchó al frente de la Brigada de Artillería Ligera en Campaña.
En la Guerra del Paraguay, debió participar en los encuentros de Yatay, Sitio y rendición de Uruguayana, Estero Bellaco, Tuyutí, Yataytí Corá, Curupaytí, Humaytá, Paso Pacú, Sierra Escurra y Peribebuy... En septiembre de 1868, obtuvo el grado de coronel mayor (general).
Al ser sitiada la ciudad de Asunción, por los gobiernos aliados, debió desempeñarse como general jefe de las fuerzas de ocupación.
El 31 de enero de 1872, fue designado gobernador del Territorio Nacional de Chaco, con retención de su cargo de Comandante en Jefe de las fuerzas argentinas en el Paraguay.
En este cargo, desarrolló una brillante gestión organizativa, estableciendo el régimen municipal y la justicia de paz electiva, levantando el primer padrón electoral, creando uno de los primeros establecimientos escolares chaqueños, distribuyendo la tierra y estableciendo promisorias industrias. Sobre su tarea puede hallarse en la "Memoria" redactada por Federico Mitre, en enero de 1874.
El 31 de enero de 1875, de Vedia culminó su gobierno... Dejaba un feliz recuerdo en esas tierras, y así los colonos lo manifestaron, al fundar, en octubre de 1888, la Colonia "General Vedia".
Durante dos períodos, dirigió el Colegio Militar de la Nación. Primero, entre el 28 de abril de 1876 y el 22 de julio de 1880; luego, desde el 14 de enero de 1887 hasta el 29 de agosto de 1888.
Ambas direcciones fueron virtualmente progresistas, para la institución, fundada pocos años antes. Al estallar la revolución de 1880, había solicitado la baja del Ejercito; y, en agosto de 1883, con el rango de general de división, fue reincorporado. Después de desempeñarse como inspector de Artillería, volvió a la dirección del Colegio.
El viernes 26 de agosto de 1892, a las 23:15 horas, en Buenos Aires, dejó de existir Julio de Vedia. En un artículo biográfico, publicado en la "Revista Militar", en 1926, se afirmaba que, Vedia, "tenía el don de despertar el afecto de los humildes. Severo con los malos, era frecuente que esos no escaparan al magnetismo que de él emanaba... Su vida fue un modelo militar y cívico. Pública y privadamente era de una corrección invariable. Sentía los males de la Patria, como golpes descargados sobre su corazón".
(continuará)
Los hornos de ladrillos, primeras industrias (Nota nº 4)
Los hornos de ladrillos, primeras industrias
(Nota Nº 4)
Por Héctor José Iaconis
(Desde Salta)
El 5 de noviembre de 1863, en una esquela que dirigía al general Mitre, Vedia, escribía que “los trabajos siguen aunque lentamente; con sobrados brazos, nos escasean las herramientas. Hay entusiasmo por el nuevo pueblo”. Diecinueve días más tarde, aún aguardaba quemar la primera hornalla y, para febrero, haber obtenido trescientos mil ladrillos.
Quemados los primeros ladrillos, éstos le servirían para construir el hospital, que a la sazón consideraba como una de las necesidades primordiales. Emilio Carballeda, en la Memoria donde describe la fundación de 9 de Julio, expresa: “... el general Vedia estableció dos hornos de ladrillo, que se elaboraba con soldados dirigidos por don Domingo Iraizos y Graciano Iriarte. Pero, el ladrillo que se hacía, si bien era destinado para hacer cuarteles y habitaciones para la oficialidad, el entonces coronel Vedia, fomentando el progreso de la población, se los facilitaba a particulares, con condición de devolverlos, así que se establecieran hornos particulares, que no tardaron mucho en formarse”.
Cabe señalar que existen algunas divergencias acerca de la identidad de los dos primeros horneros. Según Buenaventura Vita uno de ellos habría sido Antonio Maya. Otras referencias incluyen a Martín Baztarrica (Cfr. “La República”, revista ilustrada, año VII, nº 15, Buenos Aires, junio de 1926). También existe una nota que, Vedia envió al general Juan Gelly y Obes (ministro de Guerra), donde puntualiza haber contratado dos horneros: Martín Yanguardo y Agustín Soto Mayor, a quienes se les pagaría por sus servicios 2000 pesos mensuales.
A partir de entonces, con el surgimiento de esta, la primera industria, pudieron levantarse algunas construcciones más sólidas. En abril de 1865 ya se existían 150 casas, edificadas con diferentes materiales.
Entre las primeras industrias surgidas en aquellos años, juntamente con los hornos de ladrillos, prosperó la de la fabricación del pan.
Según Carballeda, “el segundo poblador fue don Tomás Vío, quien a principios de enero de 1864, pobló un rancho de junco, en el ángulo Nort-Oeste y Sud-Este de la plaza delineada por el general Vedia, donde estableció una panadería, en la que se vendía pan de carocillo por blanco...”.
También la instalación de los molinos de harina, cuya rueda era movida por medio de una caballería fue un buen aporte al incipiente mercado fundacional; tal vez, poco antes de la partida del coronel Vedia, hacia los campos de batalla del Paraguay. En una carta, datada en Nueve de Julio, el 24 de abril de 1865, dirigida por de Vedia a su amigo, el agrimensor Vaschetti, le indica: “la obra de la panadería va adelante” y cree “pronto [...] podrá mandas [Vaschetti] las atahonas”.
(continuará)
La fundación oficial del pueblo (Nota nº 5)
La fundación oficial del pueblo
(Nota Nº 5)
Por Héctor José Iaconis
(Desde Salta)
No cabe duda que el avance en la instalación de los primeros comercios en el promisorio asentamiento militar que se encaminaba a convertirse en pueblo, fue notorio. Además de los comercios de Carballeda y de Vío, entre noviembre de 1863 y enero del año siguiente se ubicaron las cantinas de Pedro Salazar y de Anselmo Díaz, a escasas cuadras del campamento; poco después lo hicieron Antonio Guilino, José Molleda, Francisco Aguirre, Manuel Castellanos y Juan Rodríguez, entre otros. Asimismo, Cayetano Urbero había instalado una especie de almacén de ramos generales.
En febrero de 1864 Domingo Iraizos ya había instalado su, más tarde, popular fonda.
Emilio Carballeda recordaba: “Con pocos días de intervalo, también poblaron y se establecieron en el centro del pueblo Don Alejandro Cruz, Don José Molleda, Don Cornelio López, Don Manuel Lafulla, Don Luis Melinos, Don Domingo Duhart y Don Abelardo Gigena”.
El decreto por medio del cual es fundado el pueblo de “Nueve de Julio” está datado en Buenos Aires, el 12 de febrero de 1864 y lleva las rúbricas del gobernador de la provincia, Mariano Saavedra y de su ministro, Mariano Acosta. A continuación ofrecemos el texto de esa disposición:
“El Gobierno ha acordado y decreta:
“Artículo 1º: En el paraje, denominado ‘Tres Lagunas’ y en el punto preciso que se designe, el Jefe de la Frontera del Centro, Coronel Don Julio de Vedia, procédase a la fundación de un nuevo pueblo, que se denominará ‘Nueve de Julio’.
“Artículo 2º: Comisiónase al agrimensor Don Miguel Vaschetti para hacer la traza del pueblo y ejido, con arreglo a las instrucciones que le dará el Departamento Topográfico.
“Artículo 3º: El Coronel Julio de Vedia queda encargado de proporcionar los mojones y demás necesario para la mensura, y para lo cual el Gobernador adelantará los fondos necesarios.
“Artículo 4º: Ejecutadas ambas trazas, el mencionado Coronel procederá a hacer por ahora la distribución de solares con arreglo a lo que dispone la ley del 5 de Octubre de 1858, sujetándose a lo prescripto en el decreto del 31 de Julio de 1863,
“Artículo 5º: Presentará a la mayor brevedad al Gobierno los planos y presupuestos de las obras públicas que sea urgente hacer en el nuevo pueblo, de acuerdo con las instrucciones especiales que le dará el Ministerio de Gobierno.
“Artículo 6º: Comuníquese a quienes corresponda y publíquese y dese al Registro Oficial”.
En la rica correspondencia que se conserva, escrita por el sargento Benjamín Basabilbaso –quien entonces formaba parte de la población en el lugar-, se conserva una esquela del 1º de mayo de 1864 el la cual se permite percibir el florecimiento que iba adquiriendo paulatinamente el pueblo: “Edificaré una casa para traer a Laura [su esposa] en primavera. Tengo un lindo terreno en la Plaza de este futuro pueblo que lo será pronto. Ningún pueblo fronterizo está bajo mejores auspicios, mejores pobladores, a más lo resuelto que está el Coronel Vedia a hacerlo prospera”. Más adelante agrega: “...quiero tomar un par de chacras, pues esto dentro de unos años tienen que tomar mucho valor”.
(continuará)
El delineamiento del pueblo (Nota nº 6)

El delineamiento del pueblo
(Nota Nº 6)
Por Héctor José Iaconis
(Desde Salta)
Durante la segunda quincena de mayo de 1864, el agrimensor Miguel Vaschetti, asistido por el coronel Vedia, efectuó la mensura y amojonamiento del pueblo, demarcando su ejido. Tras culminar este trabajo, el profesional redactó un informe técnico que elevó al Departamento Topográfico de la provincia. El texto de este documento fue sacado a la luz, por primera vez, por Buenaventura N. Vita en su “Crónica Vecinal de Nueve de Julio”, y dada la significación que el mismo posee, incluimos a continuación algunos fragmentos:
“tomando por punto de partida el mojón de fierro puesto por mi algunos meses antes sobre el borde Sud Oeste de la más oriental de las ‘Tres Lagunas’, para esquinero Sud del terreno medido para D. Enrique Smith y costanero Nord Oeste del terreno del Dr. D. Emilio Agrelo”.
“Desde –prosigue Vaschetti- dicho mojón procediendo al Sud 46 grados 50 minutos Este medí 2944 metros y 46 centímetros (3400 vrs), y puse un palo de ñandubay para mojón esquinero Este del Ejido”.
“De ahí al Sud 43 grados 10 minutos Oeste medí 10392 metros (12000 vrs) y clavé otro mojón de ñandubay, demarcando el esquinero Sud. En esta línea a los 3190 metros y 34 centímetros (3684 vs) encontré el deslinde Sud-Oeste del terreno de Agrelo y a los 5528 metros (6384 vrs) pasé por el mojón esquinero Este del terreno medido por mí el año anterior para D. Juan Sagasta y que pertenece en la a D. Alberto Trejo, y de allí a la media legua encontré otro mojón costanero del mismo terreno. Cuadré enseguida al Norte 46 grados 50 minutos Oeste y a los 10392 metros (12000vrs) clavé un palo de ñandubay para esquinero Oeste, en la laguna del Saladillo que se hallaba sin agua”, afirma el agrimensor.
“Cuadré al Norte 43 grados 10 minutos Este, y a los 3131 metros y 50 centímetros (3616 vrs) dí con el mojón que demarca el ángulo entrante, del terreno medido anteriormente para D. Juan Sagasti”, indica; y continúa: “Cuadré al Norte 46 grados 50 minutos Oeste y a los 150 metros (173 vrs) encontré el mojón de fierro, puesto por mí para Esquinero Sud del terreno del Coronel D. Julio de Vedia.
“Cuadré al Norte 43 grados 10 minutos Este y medí 7260 metros 5 decímetros (838 vrs) hasta el mojón de fierro esquinero Oeste de D. Enrique Smith. Cuadré por último al Sud 46 grados 50 minutos Este y a los 7597 metros 50 centímetros (8773 vrs) volví al mojón de arranque”, escribe.
En cada uno de los “costados” [sic] habían sido colocados mojones de palo “de diez en diez metros”. El ejido de 9 de Julio había quedado formado por una extensión de 2808 hectáreas y 7491 diez milésimos de hectárea (2808,7491) “equivalente a 4 leguas cuadradas más 403 diez milésimos de legua cuadrada (lg. es. 4,0403), con la figura de un hexágono irregular”.
En cuanto a la traza del pueblo, según el citado informe, Vaschetti había procedido de acuerdo con un plano-proyecto que le había asignado el Departamento Topográfico. Pero, sin embargo, había efectuado algunas modificaciones, siguiendo las indicaciones de Vedia. Al fundamentar esas transformaciones, explicó: “La existencia de algunos importantes edificios de material cocido y el gran número de habitaciones de rancho levantadas por los primeros pobladores a costa de grandes sacrificios, fue un obstáculo a que se diera a las calles del pueblo una dirección paralela con las de los costados del ejido”. En consecuencia, ello lo obligó a “hacer de 150 varas en lugar de 140 de frente a1 Sud Oeste y Nord Este la fila de manzanas comprendidas entre las dos calles que pasan por los costados Nord Oeste y Sud Este de la plaza”.
Del mismo modo, el agrimensor Vaschetti, al explicar los motivos por los cuales la plaza principal (hoy “General Belgrano”) había sido trazada de dos manzanas, escribió: “La misma circunstancia, agregada a la ventaja de hacer de la plaza principal una especie de campamento atrincherado en donde puedan guarecerse la población y defender sus principales intereses en caso de invasión de indios, y el gran número de solicitudes por solares en la plaza principal [...] nos indujo a dar a la misma plaza la extensión de dos manzanas en lugar de una...”.
(continuará)
27/02/2006
Aborígenes en las cercanías del paraje (1863-1864): Coliqueo. (Nota Nº 7)
Aborígenes en las cercanías del paraje (1863-1864): Coliqueo
(Nota Nº 7)
Por Héctor José Iaconis
(Desde Salta)
Como ha quedado claro en las anteriores notas, al producirse la
movilización de las fuerzas militares desde Bragado hasta Tres Lagunas, el
coronel Julio de Vedia llevó consigo, formando parte del contingente, un
grupo de aborígenes, entre quienes se hallaban integrantes de la tribu
de Ignacio Coliqueo (1796-1871). De origen borona, este cacique chileno
nacido en Huincul, cerca de Temuco, según se cree había pertenecido a
la dinastía de Gueupu-Licán, el legendario héroe de la Guerra Araucana.
Promediando 1862, Coliqueo había establecido sus toldos, de forma
definitiva, en la provincia de Buenos Aires, después de migrar a suelo
argentino. Se hallaba en la denominada “Tapera de Díaz”, un lugar cercano al
paraje Tres Lagunas, que más tarde formaría parte del partido de 9 de
Julio y luego del de General Viamonte.
En esta circunstancia, Coliqueo había acompañado a Vedia durante una
campaña ofensiva contra los Ranqueles, ese mismo año.
Coliqueo prontamente hubo depuesto sus lanzas al gobierno. Por su
parte, este pacto de “fidelidad” le garantizó algunos beneficios.
Al producirse la fundación de 9 de Julio formaban parte del cuadro
principal de la tribu, además del cacique principal: Andrés Raninqueo
(1816-1877), segundo cacique; Andrés Rinqui, caciquilla; Justo Coliqueo
(1838-1876), Mariano Coiffn, Neculqueo Coillil, José Carranza, Manuel
Rainao, Ramón Tripailaf, Pascual Huechuqueo, Pancho Coliqueo, Justo
Manquellán, José Platero y Simón Coliqueo (1840-1902), capitanejos; Faustino
Correa, escribiente y Severo Calderón, alferes-secretario.
No existen abundantes datos acerca de cómo fue la vida en la tribu en
los años arriba indicados. Mucho menos un panorama que indique la forma
en que se hallaban ubicados los toldos. Se conoce, en cambio, que para
1865 ya existía un rancho, de considerables dimensiones.
Según se estima, para entonces (1863-1864) ya se habían afincado entre
los aborígenes de Coliqueo, el capitanejo Pablo Huenchual (1820-1886) y
–desde cerca de 1861- el cacique Juan Painequeo (1826-1900), quien
había continuado allí después de residir en las proximidades de Junín y a
orillas de la laguna de Mar Chiquita.
Más adelante, al recorrer otros aspectos de la Historia de 9 de Julio
nos referiremos al protagonismo de la tribu de Coliqueo en el pretérito
de la región.
(Continuará…)
* Quienes desearen conocer aspectos de la Historia de 9 de Julio pueden
hacerlo en Internet: http://archivum-historicum.blogia.com
FOTO: El cacique Ignacio Coliqueo junto a miembros de su tribu.
Fotografía tomada por Benito Panuzzi en 1865 (Museo Nacional de Bellas Artes).
